¿Y si este es el año de James Harden campeón en la NBA? Es la pregunta que resuena en Caballeros de Cleveland con el impacto que ha generado su llegada para potenciar a un equipo ya bueno.
La contundente pero esperada victoria por 112-84 ante Brooklyn Nets de este jueves es una más que muestra que Cleveland no sumó a un buen veterano en el ocaso de su carrera, sino que puede que se haya terminado de afianzar como contendiente. Desde que La Barba llegó a Ohio en el traspaso por Darius Garland, los Cavs no conocen la derrota: un récord de 4-0 que forma parte de una racha mayor de seis triunfos consecutivos y un impresionante balance de 11 victorias en los últimos 12 juegos.
Cleveland es hoy el equipo del momento en el Este. Empatados con los Knicks y a solo un juego de los Celtics por el segundo puesto, los dirigidos por Kenny Atkinson han encontrado en Harden la pieza de jerarquía que les faltaba para mirar a los ojos a Detroit Pistons, actual líder de la conferencia.
Más |Seis medidas rupturistas que podría tomar la NBA para terminar con el tanking
La diferencia es clara: mientras Detroit apuesta por un grupo de jóvenes sin mucha experiencia, una configuración a la que hemos visto más de una vez fallar en su primera prueba de postemporada, Cleveland armó una dupla de estrellas experimentadas listas para los Playoffs.
Harden, uno de los mejores jugadores de la última década, carga con una mochila pesada: la de ser uno de los nombres más importantes de la NBA de los últimos 15 años sin un anillo de campeón.
La Barba ya rozó la gloria en múltiples ocasiones: desde sus inicios como Sexto Hombre en las Finales de 2012 con OKC, pasando por aquellas épicas batallas en Houston donde tuvo a los invencibles Warriors de Curry contra las cuerdas en 2018, hasta sus intentos en Brooklyn y Philadelphia. Siempre quedó cerca, a menudo señalado por bajones en momentos cumbre, pero la vigencia de Harden a los 36 años es innegable.
En Cleveland, el escenario es distinto. Promediando 18.5 puntos y 8.7 asistencias en estos encuentros iniciales, Harden ya no carga con el peso de ser una opción ofensiva demasiado requerida. Su sociedad con Donovan Mitchell promete ser de las mejores de su carrera: Mitchell atrae más a las defensas rivales y Harden puede castigar más con su visión de juego y su letal paso atrás. El regreso de Evan Mobley tras su lesión completa un quinteto que intimida y que también tiene un largo banco detrás.
La narrativa de Harden en Playoffs puede cambiar drásticamente este año. Rodeado de un equipo largo, con dos torres como Allen y Mobley protegiendo el aro, y un anotador de élite como Mitchell a su lado, los rivales ya no podrán centrar toda su defensa en él. Quizás, en un lugar en el que nadie esperaba que esté, James Harden haya encontrado finalmente el ecosistema perfecto para reclamar el lugar que busca desde su llegada a la NBA en 2009.






