
Seguimos en Málaga otro día más aunque por el título de la película no lo parezca. Hoy toca hablar de Laponia, la nueva comedia dirigida por el madrileño David Serrano, a quien muchos recordaréis por Días de Fútbol o por ponernos a cantar en el cine con Voy a pasármelo bien. En esta ocasión, Serrano no parte de una idea original, sino que adapta una exitosísima obra de teatro que ha estado colgando el cartel de «No hay entradas» durante muchas temporadas. El resultado es una película sencilla, sin grandes artificios, pero tremendamente efectiva.
La historia nos presenta a un matrimonio español que viaja a Laponia para visitar a la hermana de ella y a su marido nórdico. La idea es que su hijo viva la ilusión de conocer a Papá Noel, pero chocan frontalmente con la mentalidad de sus familiares, quienes prefieren no engañar a los niños y contarles siempre la verdad (ni Papá Noel, ni Reyes Magos, ni Ratoncito Pérez). Cuando la niña nórdica le suelta al chaval que Papá Noel no existe, se produce la gran explosión de la película. A partir de ahí, la trama avanza a un ritmo frenético, sacando a la luz mentiras, disputas y secretos familiares que te mantienen pegado a la butaca pensando qué más hay detrás.
Una ‘feelgood movie’ de 90 minutos muy apetecible
El peso de la cinta recae en cuatro actores que comparten casi un único set. Me hace especial ilusión el regreso de Natalia Verbeke, quien lleva el contrapunto dramático de la historia. Creo que la industria había sido algo injusta con ella relegándola a papeles secundarios últimamente, y da gusto ver en escena a alguien que se lo ha currado tanto. Por otro lado, el indiscutible motor cómico es Julián López. Julián es de esas personas que han nacido para la comedia; con solo verlo en pantalla ya te saca una sonrisa, incluso aunque él no quiera.
Lo más difícil de una comedia dramática es encontrar el tono, y Laponia lo regula a la perfección. Es lo que los estadounidenses llamarían una «Feelgood Movie», una cinta de la que sales con una sonrisa tras reflexionar sobre cómo educamos a nuestros hijos. Te demuestra que tanto la visión tradicional como la moderna tienen sus aciertos y sus fallos, porque al final, así es el ser humano. Y para rematar, un aplauso gigante: ¡la película ronda los 90 minutos!. Desde aquí hago una petición a directores y productores: por favor, parad de hacer películas tan largas. Una comedia de este estilo debe durar entre 80 y 90 minutos para que los chistes y sketches funcionen y el espectador no se pierda.
En definitiva, si queréis pasar un rato muy agradable y salir con una sonrisa, id a ver sin duda Laponia, que llegará muy pronto a los cines de la mano de A contracorriente Films.






