
No se puede decir que Harry Lighton haya respetado al cien por cien la novela original en la que se basa Pillion, Box Hill. Al fin y al cabo, aquella se situaba a mediados de los años 70, y por temas de presupuesto, rodarla así se convirtió en algo imposible. Sin embargo, no fue este el único cambio que Lighton ha introducido en la historia. Tanto, que el propio autor de la novela original, Adam Mars-Jones, ha dicho que más que una adaptación es una reinterpretación. Ups.
Corre que te Pillion
Nadie puede negar que Pillion es una película adulta, dura e incómoda. Lo es, pero también tiene su vertiente dulce, agradable y que muestra un imparable coming of age con el que es difícil no identificarse… aunque nunca hayamos sido moteros gays con tendencias sadomasoquistas. Pero nada nos puede preparar para un final devastador… que no se parece en nada al del libro original. Ojo, porque a partir de aquí hay spoilers.
Aunque muchos esperaban que su relación cambiase, tras el «día libre» que Ray le concede a Colin, el primero da por terminada su relación: han pasado un día precioso, han sentido cosas y, por tanto, es el momento de terminar con todo. De un día para otro, Ray desaparece de la vida de Colin y nunca más vuelve a saber de él, algo que al sumiso le sirve para aprender a poner límites en sus futuras relaciones. Sí, muy bien lo de la dominación, pero lo que quiero es que se me demuestre amor.
En la novela original, ese «día libre» no existe: Colin se va de vacaciones con su familia, y al volver le dicen que Ray ha muerto en un accidente. Eso sí, antes de morir, le hizo prometer a sus amigos que nunca le dirían a nadie dónde le enterraron, y su novio se queda con la duda eterna de qué le ocurrió realmente. Dos finales totalmente distintos de los que puedes elegir, pero que son igualmente complementarios, ¡como Ray y Colin!





