
Las sitcoms más inteligentes son aquellas que desafían al espectador, con chistes que pueden durar incluso varios años. Por ejemplo, en Community esperaron a que, durante tres temporadas, dijeran tres veces «Bitelchús» antes de hacer que el personaje de Tim Burton hiciera un cameo. O en Arrested Development, donde, muchos episodios antes de que Buster pierda su mano y la cambie por un garfio, dice la frase «Nunca creí que echaría tanto de menos una mano» (al encontrar su silla con dicha forma) o «This party is going to be off the hook» (un juego de palabras intraducible con la palabra «hook», o sea, «garfio»). Pero si alguna serie conocía bien su propio lore, esa era The Office.
Michael Scott no recicla
El creador de The Office, Greg Daniels, sabía que necesitaba cuidar cada aspecto de su serie al máximo. Y eso conlleva una coherencia interna casi absurda. Por ejemplo, en la temporada 3, Dwight afirma que «Normalmente nos casamos de pie en nuestras propias tumbas. Hace que los funerales sean muy románticos, pero las bodas no tanto». ¿Y qué pasa en la temporada 9, cuando se casa con Angela? Que, efectivamente, están de pie en sus propias tumbas. Atención al detalle.
Ningún gag, eso sí, que llegue tan hondo como el del reciclaje: en la temporada 7, Pam le dice a Michael que en esa oficina no reciclan, y él, desesperado, contesta «¿Entonces por qué he estado separando la basura en blanco y de color?». El chiste en sí ya es bueno, con el jefe creyendo que reciclar es lo mismo que poner la lavadora, pero es que hay un trasfondo aún mejor que nos lleva a dos temporadas antes.
En la 5, hay un momento donde Michael renuncia a su puesto y vuelve a la oficina gateando por el suelo. En ese momento, si pausamos la imagen, vemos que en el fondo están las papeleras de reciclaje de la oficina… que, efectivamente, se dividen en «Blanco» y «Color». ¿Quién iba a imaginar que ese gag visual iba a evolucionar hasta repetirse tantos capítulos después? Genio y figura, desde luego.






