
Aunque ambientada en un periodo histórico real, a estas alturas de la película -en plena cuarta temporada, nada más y nada menos- no hace falta decir que Los Bridgerton es una serie de ficción. Basada directamente en la saga de novelas románticas de la autora Julia Quinn, la serie gira en torno a los amoríos y todo tipo de escarceos sociales de una serie de personajes ficticios -a excepción de algunas figuras históricas reales como la Reina Charlotte, que no era parte de las novelas, por cierto- en tiempos de la Regencia londinense, en su mayoría de la alta sociedad de la época.
Ya establecida como una de las series de mayor éxito en la plataforma de ‘streaming’, tenemos que decir que hay algo que Los Bridgerton ha sabido hacer muy bien: combinar a la perfección su condición de serie de época, tratando de representar con precisión el periodo histórico en que se ambienta, con una visión más moderna y fantasiosa, de mentalidad más abierta y en la que la diversidad es un factor completamente esencial.
El mejor ejemplo sin ir más lejos que la Reina regente, la Reina Charlotte que en 2023 tendría su propia serie a modo ‘spin-off’ precuela, sea interpretada por una actriz de raza negra, Golda Rosheuvel. Aunque Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, reina durante el periodo de Regencia entre 1761 y 1818, es negra en la serie de Netflix, los historiadores nunca han llegado a ponerse de acuerdo respecto a si la Reina era mestiza o no lo era. Una teoría que comenzó en 1967 con la investigación del historiador Mario De Valdes y Cocom que apuntaba a que era descendiente directa de Margarita de Castro y Sousa, una rama negra de la Casa Real de Portugal.
El personaje de la Reina Charlotte no es el único personaje racializado que pertenece a la alta sociedad en la serie de Netflix: también el protagonista de la primera temporada, el Duque de Hastings interpretado por Regé-Jean Page, la carismática Lady Danbury, el marido de Francesca Bridgerton y Conde de Kilmartin John Stirling (Victor Alli) o el nuevo interés amoroso de Violet Bridgerton, Lord Marcus Anderson (Daniel Francis), por citar solo algunos.
Todos ellos son miembros de la alta sociedad de pleno derecho. Ricos, poderosos y a nadie parece importarle el color de su piel. Una de las características más fascinantes y elogiadas de Los Bridgerton, cuya apuesta por la diversidad aún dentro de un drama de época no solo es todo un deleite, sino que supone algo único en producciones del género.
Sin embargo, en términos estrictamente históricos, el escenario era muy diferente en la Gran Bretaña en el siglo XVIII.
Nunca veríamos una serie sobre la Alemania de los años 30 donde el Führer se casa con una mujer de origen judío
Entonces había entre 10.000 y 20.000 personas negras, en el país pero muy pocas eran ricas. Como recordaba The Guardian en un interesante artículo al estrenarse la precuela La reina Carlota: Una historia de Los Bridgerton, estos eran principalmente hombres, marineros o soldados de la guerra de la Independencia de Estados Unidos a quienes se les había prometido la emancipación a cambio de luchar por los británicos.
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Según las palabras del historiador Steve I. Martin, Los Bridgerton deja fuera un aspecto fundamental de la historia de la época: la esclavitud.
Es una visión absurda de la historia negra. Está ambientada en una época en la que Gran Bretaña era el mayor comerciante de vidas humanas del planeta. La esclavitud era fundamental para la economía británica
Según el historiador, el universo Bridgerton de algún modo fomenta «el olvido o la indiferencia hacia las realidades de ese período». Además, señala, «no hay otros grupos a los que se aplicaría este absurdo. A menudo pongo el ejemplo de una serie ambientada en la Alemania de los años 30, con una armonía étnica simplemente porque el Führer se casó, por ejemplo, con una mujer de origen judío. Simplemente se burlarían. De alguna manera, tener gente de origen africano esperando que estemos contentos con esta imagen distorsionada de nosotros mismos parece aceptable. Me resulta muy incómodo».
En la época de la precuela, ambientada en 1761, la trata de esclavos todavía estaba en pleno apogeo. En lo que se refiere a Los Bridgerton, la serie comienza en 1813 -y en los libros avanza hasta 1927-, pero, mientras la trata de esclavos se abolió legalmente en el Imperio británico en 1807, la esclavitud misma no lo estuvo hasta 1833.
Durante el reinado de Jorge III -el marino de la Reina Carlota- 1,5 millones de africanos fueron capturados y enviados a plantaciones en Norteamérica y el Caribe y en 1800 la trata de esclavos representaba más del 10% del PIB británico. En definitiva, las riquezas sobre las que se construyó el mundo ostentoso que nos muestra Los Bridgerton con sus fiestas, sus casas llenas de lacayos y grandes palacios. De lo que no se habla es de esclavitud, de derechos humanos y de la abolición, pese a ser un momento clave a nivel político.






