
Freezer, Célula, el futuro alternativo de Trunks, Vegeta, las evoluciones de Super Saiyajin… Todo esto estuvo a punto de no llegar jamás. Y es que, cuando empezó Dragon Ball, Akira Toriyama estaba seguro de que sería tan solo un entretenimiento ligero que duraría un par de años. De hecho, si todo hubiera salido tal y como esperaba, hubiera terminado justo después del primer gran combate de artes marciales… Si el destino no se hubiera interpuesto en su camino.
Ni Z, ni GT, ni nada
De hecho, en una entrevista, Toriyama llegó a afirmar que solo tenía pensadas tres sagas. O sea, la búsqueda de las bolas de dragón, el primer combate de artes marciales y la lucha contra la Red Ribbon. Y su plan no iba tan mal, porque, tal y como se esperaba, el manga no era uno de los más populares de la Shonen Jump. Su eterno editor, Torishima, le repetía constantemente que el problema era el protagonista, que era demasiado plano, algo que el propio autor había creado a posta.
Dragon Ball se acercaba a su final allá por 1985, con el combate de artes marciales… Cuando, de pronto, empezó a subir en popularidad. En el fondo, Toriyama intuía lo que iba a pasar, porque fue lo mismo que ocurrió con Dr. Slump, que despuntó durante las sagas que hizo donde sus personajes competían. El público se acercó, y el plan de terminar justo después de la saga se paró indefinidamente, continuando de inmediato con la Red Ribbon.
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De hecho, Toriyama llegó a despedirse en el manga original, como el narrador, antes de corregirse a sí mismo y anunciar que las aventuras de Goku continuarían un poco más. Ese «poco más» acabó transformándose en toda una vida dedicada a sus andanzas. Lo que no consiga un buen torneo de artes marciales…






